>>ÉTICA Y DEONTOLOGÍA PROFESIONAL
Título
El final del final ...
Autores
Mª Ángeles García Mata.Diplomada en Enfermería
Resumen
Las sociedades humanas se orientan en pleno siglo XXI, hacía formas de vida cada vez más estandarizadas y sistemas de conducta y creencia semejantes, pero bajo la hegemonía de estos modelos igualitarios palpita un complejo paisaje humano de etnias, pueblos y culturas milenarias que determinan peculiaridades en su forma de vida y creencias.

Contenido
Las sociedades humanas se orientan en pleno siglo XXI, hacía formas de vida cada vez más estandarizadas y sistemas de conducta y creencia semejantes, pero bajo la hegemonía de estos modelos igualitarios palpita un complejo paisaje humano de etnias, pueblos y culturas milenarias que determinan peculiaridades en su forma de vida y creencias.

A pesar de saber intelectualmente que somos mortales, la muerte resulta un acontecimiento terrible, difícil de aceptar. Como persona en general y como enfermera en particular, siempre me ha llamado la atención y me ha causado inquietud, dudas y porqué no decirlo miedo, el tema de la enfermedad y la muerte, si bien como occidental perteneciente a una sociedad civilizada, europea de los años 2000, tengo mis propias teorías, creencias y apoyos al respecto.

El miedo a la muerte es un miedo universal, compartido por las distintas culturas y religiones, que han elaborado distintos ritos y grados de negación. Igual que los llamados pueblos civilizados, las sociedades de cazadores recolectores, o llamémoslas primitivas, que aún existen en la actualidad, nacen y pasan por la vida no con pocas penas y alegrías para desembocar en el inexorable final de la vida: la muerte, que puede ocurrir a cualquier edad, de forma súbita o después de una enfermedad más o menos larga.

En nuestra sociedad urbana y consumista es especialmente difícil de entender la muerte, ya que está fomentada la ilusión que vamos a vivir muchos años y esto nos lleva a la necesidad de negar su realidad.

Las generaciones anteriores vivían en un mundo rural y tomaban la muerte como algo natural, recibiendo los familiares del fallecido el apoyo de amigos y vecinos que les prestaban el consuelo y apoyo al doliente. Actualmente la muerte nos viene a buscar a los hospitales y los profesionales sanitarios son los primeros en prestar su ayuda, apoyo y consuelo a los familiares del difunto, pues la muerte desencadena en estos una respuesta emocional, física y psíquica muy fuerte.

Sin embargo considero que los profesionales sanitarios no somos formados para convivir con la muerte sino para combatirla, por lo que quiero compartir con vosotros algunas teorías y creencias de diversos poblados primitivos de los distintos continentes actuales, sobre la enfermedad, la muerte y los ritos funerarios, con el fin de que cada uno se haga su propio esquema mental y compare. Creo que como personas dedicadas al cuidado de la gente y compañeros en muchos casos, en su camino, hacia el final de sus vidas, es interesante conocer el punto de vista de otros culturas y quizá poder reflexionar sobre el tema o aprender algo. Son otras ideologías que por ser lejanas, diferentes y primitivas no tienen porque ser peores, ni mejores, y quizá... en algunos puntos no tan diferentes.

Todas las culturas manifiestan y exteriorizan aunque de diferente forma y significado los sentimientos ante la muerte, y atribuyen a diferentes causas el motivo de la enfermedad. La mente primitiva puede encontrarse en desventaja por falta de conocimientos de los hechos, pero usan la lógica y suelen justificarla como caprichos de los fantasmas y las fantasías de los espíritus, envío de enfermedades por malas acciones, actos de brujerías, y en contadas ocasiones causas naturales, etc...

En las sociedades tribales las ceremonias mortuorias se realizan con gran diversidad de formas debido a diferencias de parentesco, status y posesiones. Todo ello se refleja en el tratamiento del cadáver, en los tabúes y restricciones impuestas a las diferentes categorías de personas relacionadas con los muertos, a la causa de la muerte etc... Los bosquimanos, en sus rituales escenifican un forcejeo con los antepasados para que estos no arremetan contra los individuos enfermos.

Los lugbara, en cambio hacen sacrificios para aplacar a los espíritus, limpiar los pecados y obtener la curación de la enfermedad. Creen que los muertos envían a sus parientes vivos enfermedades, si creen que han perturbado la tranquilidad y el bienestar del linaje. Son sobre todo, los espíritus de los muertos recientes los responsables. Se dice que estos informan a los espíritus más antiguos sobre las malas acciones de los vivos, que estos deliberan sobre el asunto y deciden si envían la enfermedad en castigo. El fallecido más reciente es el encargado de llevar a cabo las acciones de castigo.

La relación entre los vivos y los muertos del linaje se expresa claramente en el ritual del sacrificio. Los lugbara, sólo sacrifican cuando una persona cae enferma. El guardián ritual de la persona enferma (padre, hermano mayor, esposo...), consultan a los oráculos para averiguar la identidad del espíritu responsable y la naturaleza del sacrificio que se le deberá ofrecer. El sacrificio es una acción de gracias por la curación que sólo se realiza cuando el paciente se ha recobrado de la enfermedad y participa el mismo.

En América podemos citar entre las tribus del Brasil, los camayurá, los jívaros, los waiwai y los indios del río Tapajos. Los camayurá atribuyen la muerte a un accidente o aun acto de brujería, siendo la causa principal el abandono por parte de los espíritus.

El cadáver es envuelto en una hamaca y lo entierran en una plaza del poblado. La ubicación de la sepultura depende de la edad y la posición social del difunto. En señal de duelo los parientes inmediatos se cortan el cabello y se hacen escariaciones en los brazos y se lamentan públicamente. Los jívaros atribuyen la muerte de un adulto a un acto de brujería. El chamán es el responsable de identificar al causante de la muerte, al cual los hijos y hermanos de la víctima están obligados a dar muerte.

Las esposas del difunto se cortan el cabello, no se pintan el cuerpo y no usan los ornamentos acostumbrados, como muestra de su dolor por la pérdida. Si el difunto es el jefe de la casa, depositan su cuerpo junto con algunas pertenencias en un tronco hueco suspendido de las vigas de la casa, que abandonan inmediatamente. Las posesiones no íntimamente relacionadas con el difunto las heredan los hijos. Las esposas del difunto quedan bajo la responsabilidad del hermano del difunto.

Los waiwai toman el cadáver y lo incineran junto a todas sus propiedades excepto el hacha si es varón o el delantal de cuentas si es mujer, que heredan los hijos. Cuando se apaga la hoguera crematoria el pariente varón más cercano recoge los huesos no consumidos para usarlos en el soplado mágico que vengará al muerto y ocasionará muerte al homicida.

Los indios del río Tapajós envuelven al difunto en una hamaca y lo colocan sobre una estructura elevada. Cuando el cadáver se ha descompuesto limpian los huesos, los pulverizan y los mezclan con una bebida fuerte que es bebida por los parientes.

En África, encontramos a los dogon africanos, cuyos funerales se caracterizan por la visita que la Gran Máscara realiza al muerto, las recitaciones de latanias en lenguas secretas y las danzas.

El cuerpo es llevado en un zig-zag a lo largo de la plaza y posteriormente es sepultado. Un tiempo después se celebran los llamados segundos funerales, dedicados a diversos muertos a la vez y que aspiran a conseguir la marcha definitiva de este.

Se caracterizan por la confección previa de máscaras y trajes, las danzas secretas, las fórmulas religiosas y la construcción de un altar para cada muerto. El espíritu del difunto, percibido como fuente maligna que se resiste a la definitiva separación del cuerpo, debe ser apaciguado por los vivos con rituales y ofrendas y así los dogon ofrecen por lo menos un sacrificio anual a sus ascentros y en casos concretos, frutos, y sacrificios particulares.

Entre los Ovambo existe la constumbre de colocar al cadáver con las rodillas flexionadas delante del pecho y sobre este los brazos cruzados, ya que creen que esta es la posición más apropiada para su enterramiento, que tiene lugar a las pocas horas de la muerte. Cada individuo tiene asignado un lugar en el recinto de la propiedad familiar y según su mayor o menor autoridad era enterrado más o menos cerca del corral de ganado vacuno que tiene carácter sagrado para ellos. Solamente los kimbanda (médicos - adivinos) de renombre tienen el honor de ser enterrados fuera de las propiedades o cementerios, escogiendo generalmente la proximidad de un cruce de caminos, protegido por la sombra de un gran árbol o arbustos muy tupidos, colgando de sus ramas los instrumentos del kimbanda..

Antiguamente los brujos(as) y los individuos muertos por causa del hambre eran privados de sepultura.

El duelo del difunto dura un número de días proporcionalmente con su categoría social. Si el fallecido era un hombre casado, las viudas continúan viviendo en la misma casa durante algunos meses y cultivaban, en general, los campos durante una estación, repartiéndose entre ellas y el heredero principal del difunto el producto de este trabajo. Terminada la cosecha pueden contraer segundas nupcias excepto si ellas forman parte de la herencia. Durante el primer día de duelo son abatidas una o varias cabezas de ganado que servirán de alimentos para los numerosos miembros de la familia.

En Oceanía, entre la raza polinesia, encontramos como los representantes típicos a los samoanos. Entre los polinesios el único mal que puede aquejar a un cuerpo o a su alma, no es el temor al infierno o al purgatorio sino a que exista algún error en los ritos de sepultura, lo cual obligará al alma a vagar por la tierra durante un tiempo en el cual se convierte a menudo en maléfico y crea peligros a los vivos. Finalmente ingresa en el PO, región paradisíaca dónde las almas de los difuntos pueden vivir eternamente gozosas, aunque las diferencias sociales subsisten tras la muerte, y aceptan que los jefes gocen en el más allá de más placeres que sus súbditos.

Cuando un hombre está a punto de fallecer, se reúnen sus parientes alrededor con valiosos regalos y en el momento del óbito comienzan a lamentarse tanto más, cuanto más odian o temen al fallecido, a fin que este no desate su furia contra ellos. Las mujeres se cortan el cabello y cuando el fallecido era el jefe de la aldea no se lleva a cabo ningún trabajo durante cierto tiempo.

Un pariente femenino unta el cadáver con aceite y cúrcuma y lo envuelve en tapa, tras lo cual es expuesto al público. El funeral se celebra al día siguiente y los asistentes traen bellas esteras como regalos.

El difunto se deposita en una sepultura revestida de piedras o esteras, rodeado de alguno de los objetos que uso durante su enfermedad y a veces de objetos valiosos. Al entierro sigue el banquete funerario con distribución de alimentos y reparto de los regalos hechos por los asistentes al sepelio de modo que todo el mundo recibe algo.

Por la noche se bebe kava, se dicen discursos, se juega y se baila. Durante unas cuantas noches se encienden fuegos que iluminan la sepultura y la casa del fallecido y todos los parientes que han entrado en contacto con él han de observar un tabú sobre los alimentos, estando 5 días sin tocarlos. Las mujeres de los fallecidos nobles practican el embalsamiento de su pariente mediante aceites.

En Australia, encontramos los australoides como representantes de los aborígenes australianos, que forman un grupo propio y diferenciado Pocas son las muertes que consideran debidas a causas naturales, siendo su causa normal la brujería aún cuando la causa pueda parecer clara. Los muertos generalmente son enterrados, si bien en el Este está muy extendida la cremación del cadáver. Muchas tribus exponen el cadáver durante mucho tiempo sobre una plataforma o mármol.

En Asia, coexisten diferentes religiones con creencias animistas mantenidas por pueblos minoritarios, donde es frecuente ver la muerte como el ingreso en la vida y no el fin de la misma. Se festeja la muerte y el muerto no se llora. Encontramos a los han, pueblo profundamente religioso, preocupado por el más allá y en contacto con él por el culto a los antepasados que convierte al confucionismo en religión oficial.

La tradición confucionista habla de 7 almas corporales y 3 espirituales. El cuerpo cobra vida cuando las almas espirituales se reúnen con las corporales, que ya estaban ligadas a la carne en el feto.. A la muerte de un individuo se recoge su alma, HUN, sobre una tablilla ascentral donde se convierte en, SHEN, esencia divina hasta su reencarnación. Tras los funerales el alma del difunto se deposita en el altar familiar, ocupando un sitio predeterminado junto a las deidades protectoras y presidiendo la vida familiar. La atención y las ofrendas al altar son constantes en la vida doméstica puesto que antepasados y dioses protegen a la familia. Las almas abandonadas vagan provocando todo tipo de calamidades.

En Europa, podemos distinguir minorías étnicas como los esquimales, que consideran la muerte como un pacto. Un mito de los esquimales dice que al principio no había muerte pero tampoco había sol pero una anciana se obstinó en que,si no era posible tener una cosa sin la otra, sería mejor tener las dos a la vez, pues sin la luz la vida no valía la pena...

Los esquimales creen en multitud de espíritus o fuerzas, que residen en las personas, animales, lugares y objetos inanimados. Las personas ancianas y enfermas a veces cambian sus nombres con la esperanza que con un nombre nuevo, mejorará su salud, ya que la enfermedad podía estar causada por la intromisión de un espíritu maligno. Los esquimales envuelven a los muertos en pieles y en las islas aleutalianas se embalsama a los cadáveres.

Consideran que la muerte inmediatamente después del nacimiento es el destino de las primogénitas y los viejos eligen el momento de morir, retirándose a los hielos donde fallecen de frío en inanición. Partir para encontrarse con sus ancestros... También en el norte de Europa encontramos a los lapones, que así mismos se llaman los samit o saami. Consideran que el mundo de los muertos se halla localizado en las montañas y sus espíritus posen rebaños de renos. Tienen las mismas ocupaciones que los vivos pero su vida es mucho mejor. El chamán desempeñará el papel de mediador entre los vivos y los muertos.

Concluyo este paseo por la disposición ante la muerte de algunas de las diferentes culturas primitivas actuales, con una justificación del porque del mismo. Mientras la especulación de la muerte a través de los medios de comunicación puede ser un intento de hacer que sea menos temida, el silencio sobre ella sería una forma de negar su indiscutible existencia. La negación... duelo patológico que se rehusa a creer en la muerte del otro, la simplificación y el silencio caracterizan la muerte en el Occidente de hoy, por lo tanto valga este escrito para hacernos, aunque no queramos,pensar en la muerte y nuestra actitud personal ante ella con la posibilidad de compararla con la de otros seres humanos que como nosotros se encuentran indefensos ante la muerte, desarrollando para protegerse de ella diferentes teorías y comportamientos que si lo pensamos fríamente pueden tener un componente común con los nuestros y sin olvidarnos que ella siempre es más rápida que nosotros, ya que aún dándole una vida de ventaja... nos termina cogiendo.

En un sentido amplio, toda muerte es necesariamente triunfante puesto que necesariamente termina por dar cuenta de nosotros. Considero que como profesionales de los cuidados debemos plantearnos este punto, ya que nuestros cuidados abarcan el crecimiento, desarrollo, supervivencia y muerte tranquila de las personas e incluye dimensiones biofísica, psicológica, social y cultural, por lo que los cuidados varían según la estructura social, valores y creencias de las personas en las diferentes culturas.

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Palabras Clave
Enfermería, duelo y muerte